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ES EL MAYOR NÚMERO EN 51 AÑOS DE ESTUDIO

El ICB registró 1420 ballenas francas en Península Valdés

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El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) finalizó el 51º relevamiento aéreo de foto-identificación de ballenas francas australes en la zona de Península Valdés, registrando un número récord de especímenes. Durante el relevamiento anual realizado el 31 de agosto y el 2 de septiembre, sumaron 1.420 ballenas francas (incluyendo 554 crías en las aguas del Golfo Nuevo y Golfo San José), el máximo número de individuos observados en 51 años de estudios. Se tomaron un total de 12.500 fotografías que serán analizadas por el equipo científico, para agregar nuevos registros al catálogo que hoy contiene más de 4.000 ballenas conocidas.

El proceso de foto-identificación

Las ballenas francas tienen un patrón de callosidades sobre sus cabezas que es único en cada individuo y que no varía con los años, como las huellas dactilares de los humanos. Esta particularidad permite, a partir de fotografías aéreas, identificarlas. Este hallazgo realizado por el doctor Roger Payne en 1970 dio inicio al programa de investigación que desde 1996 se realiza de manera colaborativa entre el Instituto de Conservación de Ballenas y Ocean Alliance.
Cada año, se realiza relevamientos aéreos para foto-identificar las ballenas francas australes de Península Valdés. Con esta técnica se ha creado la base de datos y el catálogo de individuos conocidos más completo que existe para la especie, con más de 4.000 ballenas identificadas. Cada nuevo registro de una ballena conocida agrega información relevante para comprender su dinámica poblacional.
Si bien durante los vuelos se cuentan las ballenas, el objetivo del relevamiento es foto identificar los individuos, en particular las hembras con crías, y no realizar un censo para contar todos los animales. Es decir que hay todavía más ballenas en la zona.

Edición 51

Durante los dos días de vuelo tomaron 12.500 fotografías que serán analizadas por el equipo científico del ICB liderado por la investigadora Victoria Rowntree, para agregar nuevos registros al catálogo.
Las fotografías estuvieron a cargo del doctor Mariano Sironi, director científico del ICB. Las notas y registros en GPS fueron realizados por Marcos Ricciardi. Además, el piloto Peter Domínguez aportó su gran experiencia piloteando el avión Cessna, facilitando el trabajo de los investigadores. Por otra parte, desde el equipo de investigación extendieron su agradecimiento al Aeroclub de Puerto Madryn y al personal del aeropuerto El Tehuelche por su colaboración con el trabajo del Instituto de Conservación de Ballenas cada año.

En primera persona

Al respecto, el doctor Mariano Sironi explicó: “Sólo en el Golfo Nuevo contamos 998 ballenas incluyendo 382 crías. En el sector de las playas El Doradillo y Canteras cercanas a Puerto Madryn, había una línea casi continua de ballenas a lo largo de la playa con marea alta. Al sobrevolar Puerto Pirámides observamos que la bahía estaba llena de ballenas, mientras las lanchas de avistaje acompañaban a los animales en un mediodía de sol radiante y mar calmo. Imágenes así, de personas compartiendo el hábitat de las ballenas en una interacción tranquila y de disfrute natural, me llenan de alegría el corazón y me dan razones para la esperanza”.
Y añadió: “Durante el relevamiento en el Golfo San José observamos ballenas en sectores donde habitualmente no hay o hay pocas en la época en que hacemos los vuelos, como la base de Punta Buenos Aires y el sector cercano a Riacho San José. Este año había muchas, y eso incrementó las horas de vuelo porque debimos realizar muchos más círculos que lo normal hasta completar el perímetro entero del golfo. Fue un relevamiento totalmente excepcional por el altísimo número de ballenas comparado con años anteriores.”
Finalmente, Sironi concluyó: “Desde el aire vimos muchos ballenatos blancos, conocidos como morfos grises, ballenas adultas en grupos de cortejo y cópula, hembras con sus crías recién nacidas nadando lentamente en el mar tranquilo, algunos grupos de delfines, y los paisajes impactantes de los acantilados cayendo a pique en las costas hacen que la experiencia durante los vuelos sea bellísima, emotiva y muy estimulante, además de ser una parte fundamental del estudio científico más largo del mundo basado en la identificación de ballenas en su ambiente natural”. (Fuente: ICB)